Entradas de Septiembre, 2006

Bocas del Toro II y Cahuita IV

3-09-2006, domingo, 13:35, Spencer´s Seaside. Cahuita.
El viernes 1 nos fuimos de excursión por la zona de Bocas del Toro, un tour de 15$ contratado a Jesus, un joven buscavidas. Después de 1 hora recogiendo pasajeros en diferentes puntos, la barca llegó al restaurante donde encargamos la comida para más tarde. De allí a las Islas Zapatilla, donde pagamos la entrada de 5$ al guarda. Son un par de islas idílicas de transparentes y cálidas aguas, arena blanca, planas y con selva en el interior. En la que desembarcamos dimos un paseo rodeándola de una media hora. Antes del paseo buceamos un rato sobre el coral que está casi en la orilla de la playa.

La idílica isla de Zapatilla

Más variedad de corales, menos grandes que en Cahuita, pececillos y un cangrejo rojo bien gordo. Después de la hora y media en Zapatilla a comer. En el restaurante nos habían puesto una mesa para todo el grupo. Pero el caso es que no se trataba de un grupo muy unido. La espera por salir congeló el ambiente. Además una pareja de panameños, especialmente estúpidos, creaba una cierta sensación de repugnancia que contagiaba a todos. De todas formas el restaurante era muy agradable, colocado sobre el mar sobre pivotes y entre pantalanes de madera. Después fuimos a hacer snorkeling a una zona, una pequeña bahía, cerca de Bocas. La excursión duró desde las 9:30 a las 17:00 y no pasamos por puntos que parecen ser los típicos, como la playa de la rana roja o Cayo Coral. Se me ha olvidado contar que nuestro primer destino no fue el restaurante, sino la bahía de los Delfines. Allí vimos a varios grupos de ellos, que asomaban lomo y aletas en intervalos irregulares de tiempo.

En la bahia de los delfines

Después del tour descansamos y jugamos al chinchón en el embarcadero del Hotel Las Brisas. Más tarde cenaremos en OM café, un indio recomendado por la guía. Damos una vuelta por la calle principal, están grabando un programa de la tele, en directo, en la terraza de un café, al aire libre. Esa noche vemos en el hotel una peli bastante rara, con un Dustin Hoffman involucrado en una trama de espionaje, tráfico de diamantes y nazis huídos.

Una calle de Bocas

Al día siguiente, sábado 2, desayunamos varios pasteles, entre ellos algún brownie, en un bar panameño de la calle principal de Bocas. Cogemos la lancha de las 11 de regreso a Changinola.

Canal hacia Sixaola

Allí una furgoneta taxi nos llevará hasta la frontera. Lo que más me ha llamado la atención en este breve periodo de estancia en Panamá es la miseria. Matizando en dos puntos, el centro de Changinola, donde paramos para buscar un cajero para la pareja israelita y la simpática holandesa, era bastante cochambrero, para ser el centro. Pero sobre todo los niños pidiendo. Tanto en la frontera, como en el embarcadero de Changinola, varios grupos de niños, incluso sospecho que chuleados por algún adulto, te piden una propina que en realidad es limosna. Una sonrisa, cuando los miras, es su estrategia, que se convierte en rostro apagado cuando desvías tu mirada.
Ya en Sixaola, tras pasar el semiderruido y abollado puente que sirve de frontera, esperamos el bus.

El descojonado puente de Sixaola

Aunque nuestro destino sea Cahuita, paramos en Puerto Viejo a comer unos pollos fritos. Regresamos a Spencer´s Seaside, y como ya es tarde para hacer ningún plan hoy, nos dedicamos a descansar y a balancearnos en las hamacas del jardín. Hemos tenido peor suerte y tenemos una habitación peor y más cara, a ver si conseguimos cambiarla.
Hoy nos levantamos, leemos un ratito en las hamacas y desayunamos un sandwich y un par de crepes de banana con chocolate con sendos jugos. Después hemos ido a ver si había olas a Playa Negra, pero nada, de momento no hay surf. El día se ha levantado bastante gris y cuando hemos llegado a la playa, se ha puesto a llover. Ha caído una buena chaparrada, se estaba más calentito dentro del mar que fuera, extraña sensación. Como el día sigue lluvioso y gris hoy nos dedicaremos a leer, tumbarnos en la hamaca y holgazanear, al fin y al cabo estamos de vacaciones, aunque quede poco. De momento es la hora de comer.

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Cahuita V y Puerto Viejo

5-09-2006, martes, 08:42, Spencer´s Seaside. Cahuita.
Es lo que hicimos, hamaca, descanso, jugar y lectura. Después de comer un casado con langosta y un pargo en el Restaurante Típico Cahuita. A las 6 y media hubo un apagón que afectó a todo Cahuita y que duró unas 3 horas. Fue entretenido, la cuadrilla del Spencer´s se dedicó a alumbrar el jardín con unos potentes focos y a poner velas en diferentes puntos. Le daba un ambiente diferente al de otros días. También el pueblo tenía un ambiente diferente alumbrado solo con velas. El Coco´s seguía abierto, con concierto acústico incluido. Aprovechamos la ocasión par comer un par de pinchos en la esquina frente al Coco´s, donde se pone los fines de semana una vendedora con su carrito y brasas. Así que cenamos en un banco del parquecito, ya había dejado de llover.

Las hamacas del Spencer´s

Ayer, lunes 4, desayunamos en el café del parquecito. Antes habíamos hablado en las hamacas con el original Spencer que empezó el negocio, al principio solo alquilaba hamacas. Un tio majete este, que confía en que dando un buen servicio y creando ambiente agradable el negocio funciona solo y bien, como así ocurre. Cogemos el bus de las 10:00 a Puerto Viejo. Allí alquilamos un par de bicis por 4$ cada una 8 horas. Queremos recorrer la carretera que va hasta Manzanillo, haciendo paradas para bucear. Nos paramos a la media hora, ya que vemos gente surfeando en la playa de Cocles. Es nuestra primera oportunidad. Alquilamos un bodyboard y aletas (6$) y una tabla (10$) por 2 horas. ¡Qué bien! Ya nos hemos saciado las ganas de surfear en el viaje. Las olas son un poco cerrotes y tienen fuerza. Suficiente para coger unas cuantas olillas, algunas de ellas tirando a bien. Cuando entregamos las tablas nos espera una desagradable sorpresa. El tío del alquiler dice que le hemos hecho una raja a la tabla. No nos dijo que teníamos que comprobarla antes de usarla, así que no sabemos si ya estaba o no. De todas formas Ixo asegura que no se ha caído ninguna vez como para que se rompa la tabla. Ellos amenazan con quedarse el DNI si no pagamos los 10$ del arreglo. ¡Un secuestro, vaya! Nos tenemos que tragar la rabia y pagar el rescate. Es mejor olvidar esta anécdota. Seguimos por la carretera, esta vez buscando un sitio para comer llegamos a una escondida playa de Punta Uva. Bañito y casado doble con bistec de res.

Playa escondida en Punta Uva

Después a volver, ya casi hemos llegado a Manzanillo, así que si queremos volver en el bus de las 5:30 hay que darse la vuelta. Eso si, con tranquilidad, que nuestro culo empieza a resentirse de nuevo.

Llegamos a P.V. y en la zona donde hay puestos ambulantes de artesanías hay una furgo pick-up que vende hamacas. Nos paramos a preguntarle precios, para comprar más adelante en San José. El tipo insiste en vendernos y en rebajarnos el precio inicial de 20.000 colones. A pesar de que le decimos que no vamos a comprar ahora él baja hasta 16.000 colones. Le decimos que hemos venido a P.V. con poco dinero, que solo tenemos 11.000 colones. El tio lo consulta y acepta. ¡Vaya negocietes! El tipo dice que la hamaca es de nylon y que la garantiza por 2 años. A nosotros nos parece que es de algodón, pero aún así es un buen precio. Más tarde el señor que nos alquiló las bicis nos dice que prefiere las de algodón, que las de nylon solo están bien si son para poner a la intemperie. En fin, regresamos a Cahuita. Jugamos unas partiditas al chinchón y salgo a buscar un par de hamburguesas para cenar. Nos las comemos en la mesa del jardín, mientras los Spencers, incluido el tiburón, parecen ligarse a una parejita de guiris.

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Cahuita VI, San José y volcán Poas. Fin del viaje.

09-09-2006, 19:15 horas, Bilbao, Casita, Sábado.
Acabamos de entrar en casa. La vuelta y el fin del viaje es ahora un hecho.
Describiré estos últimos días del viaje, que han sido fugaces.
El martes 5 nos levantamos dispuestos a disfrutar de nuestro último día completo en Cahuita. Rechazamos por caro (35$) una excursión a Bribri para ver indígenas, fabricación artesanal de cacao, granja de iguanas y cascada. En su lugar planeamos ir al Parque Nacional Cahuita y pasar el día en la playa, paseando descalzos y haciendo snorkel en el coral que más nos ha gustado. Nos pasamos la mañana en la linda playa del parque, bañándonos, recogiendo conchas y jugando a cartas y leyendo. Después de comer fruta y unos perritos calientes del ‘Caribbean flavour’ se nubla y el mar está demasiado picado y movido como para hacer snorkel, más tarde además lloverá. Nos quedamos sin poder disfrutar una última noche en las mojadas hamacas del Spencer´s. Al salir del parque nos encontramos con el típico guiri borrachillo que suele cantar guitarra en ristre por los rincones de Cahuita. A la noche fuimos a cenar al restaurante pegado al Coco´s, el ‘Coral reeff’. Su dueño se acordaba de nuestra visita hace casi dos semanas (a Ixone le intimidó un poco y por eso no habíamos vuelto). Decidimos comernos una langosta grande, a 2.000 colones los 100 gramos. Que pedazo langosta. No era muy muy grande (800 gramos) pero estaba riquísima, la mejor del viaje. Este restaurante pierde el encanto caribeño de lo cochambrero y auténtico de otros sitios, pero gana en cuanto a servicio y calidad de la comida, incluida la presentación. Nos quedamos muy contentos con la cenita y nos despedimos del Coco´s con una piña colada y un mango cooler. Esa tarde hablamos con Tania, una excéntrica gringa que acababa de comprar un terrenito cerca de Limón y sólo hablaba de dinero e hipotecas.

Ixone y Hafo en el Spencer´s

El miércoles 6 fue el comienzo del fin. Irse de Cahuita significaba empezar a ir regresando a casita. Después de desayunar un caribbean breakfast (esta vez con loncha de jamón entera) cogimos el bus de las 9:30 directo a San José. El viaje es entretenido, nos para un control de la policía que nos hace abrir y enseñar las mochilas de mano. Un chico tiene que quedarse en la comisaría porque no tiene la cédula. Se sienta al lado de un tranquilo tico esposado a una silla. Más tarde recupera el autobús. Según llegamos a la estación ‘La caribeña’ nos asaltan los taxistas. Al final tenemos que enseñarle el camino al Costa Rica Backpackers, al lado de los tribunales. Cambiamos sin problema la reserva que teníamos pagada por una habitación, la misma de la otra vez, en el hotel Casa Poesía. Un buen sitio para despedirse de los ticos. Vamos a comer al Mercado Central, pero en taxi, ya que jarrea demasiado. El taxista me aporta un enfoque de Oscar Arias diferente al que tenía. Solo le conocía por el Nobel de la Paz, y un día vi una entrevista suya, a los 100 días de ganar las elecciones, en la tele tica. Me pareció una persona honesta y un político comprometido con las mejoras de su país, objetivo y analítico de los problemas ticos. Sin embargo este taxista nos habló de un Oscar Arias que en su anterior mandato, hace 20 años, se ocupó solamente de ganar el Nobel para sí mismo. También habló de él como del ‘multimillonario’ que quiere vender Costa Rica a los gringos. Varias pintadas en las calles, vistas otros días, corroboran esta visión. Yo la verdad, no tengo información para formarme una opinión, igual el libro de Oppenheimer que compramos esta tarde ayuda algo (’Cuentos chinos’ sobre latinoamerica). En el mercado comemos en nuestra soda favorita, la del ‘Que se le ofrece, que desea, que le sirvo? machito’. Probamos la ‘olla de carne’, una cantidad inmensa de tubérculos, vegetales, arroz, plátano y carne cocido y una gran sopa de carne y cilantro. También una sopa de marisco acompañada de jugo de zanahoria y naranja.

La olla de carne en el Mercado Central

En el Mercado Central compramos varios regalos, camisetas para mis hermanos y Cercata, café para regalar, un carro tico típico para mi madre, una bonita taza de café para la madre de Ixo. Nos rompemos un poco el coco con los regalos.

Una vista del mercado central

De camino compramos un par de libros en una especie de ‘Corte Inglés’ en la avenida principal. Como llueve mucho yo llevo mi poncho e Ixo se ha comprado un poncho rosita transparente. La verdad es que tenemos que estar graciosos porque muchos ticos nos miran; será porque casi todos llevan paraguas? También compramos, al lado del ‘Gallito’ 4 vasos típicos para los jugos o batidos. Una gran copa de cristal muy grueso que nos traeran buenos recuerdos. Como no para de llover vamos al C.R. Backpackers a navegar por Internet y comer un par de grandes trozos de pizza que serán nuestra cena. También reservamos el tour para el día siguiente.

El jueves 7, nuestro último día completo, nos vamos en excursión organizada de 36$, al volcán Poas. El minibus nos recoge a las 7:30 y recogemos más gente hasta las 8:30 o 9:00, sobre todo de grandes hoteles. El grupo es sobre todo gente mayor o parejas cuarenta/cincuentonas, somos 17. Cuando el grupo se ha completado, el guía, que hasta el momento parecía una persona normal, comienza su trabajo. Empieza cantando un repertorio que incluye canciones populares españolas y latinoamericanas, Frank Sinatra e incluso Elvis. Nos dice que aparte de guía también es cantante profesional. Muy divertido el hombre, Germán. También buen guía con precisas y curiosas explicaciones. Visitamos un cafetal en las faldas del Poas, donde parece que cultivan el llamado café de Gourmet. Más tarde lo compraremos seducidos por el olor que despiden los paquetes de la marca ‘Tres generaciones’. Llegamos al volcán, al que se accede por un paseito muy preparado para el turismo. Es uno de los puntos más visitados. Tenemos suerte y no hay niebla, se ve la laguna, los cúmulos de cenizas, las fumarolas de azufre, que se huelen a distancia.

El volcán Poas

Luego damos un paseito hasta una laguna formada en un antiguo cráter. El camino va por un agradable bosquecillo húmedo donde revolotean colibrís. De vuelta comemos con todo el grupo un típico casado con bistec de res, en uno de los muchos restaurantes para turistas que hay a lo largo de la carretera que lleva de Alajuela al Poas. Volvemos a San José y vamos a un mercado de artesanía que hay en la plaza enfrente del baleado Museo Nacional, pegado a la Avenida Central. Allí completamos nuestra lista de regalos; más café, loros y pulsera y cinto de cuentas para Ixo. La tarde/noche exprimimos las últimas horas en el C.R. Backpackers, navegando por Internet, cenando un pollo a la bechamel (con arroz como no) y viendo un cacho de ‘BrokeBack Mountain’.

Hamacas en el Costa Rica Backpackers

El viernes 8 me levanto y compro un par de brownies y un pastel de queso, que con el café del Casa Poesía, desayunamos en la terracita de nuestra habitación. Está guay acercarte por la mañana al centro y comprar algo para desayunar.

Un puestecillo en San Jose

La mañana la queremos aprovechar viendo el Museo del Jade Precolombino, que está en la sede central del INS. Es un museo interesante y entretenido, con multitud de piezas chulísimas. Destacan algunos amuletos de jade, los metates (mesas para moler grano, de piedra) y unas figurillas supergraciosas y que parecen de algún diseñador actual. También hay maquetas para representar los modos de vida indígenas. A todo correr vamos a por las maletas y un taxi nos llevará al aeropuerto Juan Santamaría. Imposible coger ventanilla, tendríamos que haber chequeado el día anterior (a pesar de llamar insistentemente a las oficinas de Iberia en Costa Rica, no me cogieron la llamada). Bueno, tras pagar los 26$ para salir del país, los controles, la espera, las compritas, la comida en el ‘Church´s chicken’ por fin embarcamos. Parada de hora y media en Panamá City, que dedicamos a ver tiendas de relojes. Un largo e insomne vuelo, con tres pelis incluidas nos lleva a Madrid. Dedico todo el viaje para hacer 2 sudokus, no estoy en buena forma. En Madrid transbordo a todo correr y llegada a Bilbao con media hora de retraso. Los padres de Ixo nos esperan, que majos, pero las maletas no llegan. Parece ser que se han quedado en Madrid. Nacho y Karmele nos acercan hasta casa y además tenemos regalo y todo. Por mi cumple una cacerola especial para cocer espárragos (me chuparé los dedos) y de Manex y Bea un jarrón de Marruecos, que bien, que recuerdos de Marruecos: el barro seco, los puestos en las carreteras …

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