Entradas de Enero, 2008

Kairuan y Tozeur.

El grupo ya está formado, 19 personas, y parece un viaje del Inserso.

kairuan

Despues del desayuno vamos a ver las cisternas de agua de los Aglabíes desde un mirador cercano. Después hemos ido a la Gran Mezquita de Sidi Oukba, que es la más antigua del norte de Africa y causa de que Kairuan sea la 4ª ciudad santa del Islam.

gran mezquita

En el gran patio interior, construido sobre una enorme cisterna de agua, comenzamos la visita. Las inmensas salas de oración están completamente alfombradas y franqueadas por robustas puertas de madera labrada del siglo XVI. La sala está repleta de columnas extraidas, al igual que otras partes de la mezquita, de las ruinas romanas más cercanas.

gran mezquita

Así es curioso ver la variada mezcla de capiteles, columnas y basamentos de diferentes estilos y tamaños que dan un matiz ecléctico a la arquitectura. Incluso en la base del minarete algunas piedras tienen inscripciones romanas perfectamente legibles. También sorprenden las marcas que dejan los siglos de uso en las bocas de los pozos para las abluciones necesarias para la oración.

cementerio

A la salida de la Mezquita hay un pintoresco cementerio de tumbas encaladas y blanquísimas al mismo de las murallas.

kairuan

Ahora es el turno de la Zaouia de Sidi Sahab, también llamada Mezquita del Barbero. Dentro está el mausoleo del personaje en cuestión y también sirve como mezquita y madraza. Hay una serie de salas y patios con una arquitectura detallada y preciosista, repleta de molduras en estuco, techos de madera labrados y azulejos con todo tipo de motivos decorativos.

alfombras

Más tarde toca la inevitable visita al taller de alfombras, famosas en Kairuan, que al final es interesante sobre todo porque nos escapamos a los 10 minutos. Tenemos un par de horas para recorrer la pequeña medina. La calle central es el omnipresente zoco de baratijas y de la especialidad alfombril, así que lo recorremos a toda prisa y nos escapamos por las callejuelas laterales. Compramos unas pastillas para la garganta y un cuaderno y bolígrafo. El paseo por las callejuelas es de lo más agradable. También nos encontramos varias veces con una placita luminosa y tranquila que es una delicia.

medina

Los callejones y recodos que nos encontramos son chulísimos, con puertas labradas de colores vivos del verde al azul y paredes encaladas del blanco al morado deslavado. En algunos momentos los rincones adquieren tintes metafísicos. ¡Qué bonita medina, cómo nos ha gustado!

medina

Después de comer en el hotel Kasbah emprendemos el viaje en autobús de unas 5 horas que nos llevará hasta Tozeur. Un par de paradas para tomar café y descansar. Durante el viaje Dorra nos explica los 5 pilares del Islam, tratando de hacernos entender el punto de vista del musulmán para algunos temas de la vida. También a lo largo de estos días, comentará puntualmente sus opiniones sobre la actualidad política relacionada con el mundo musulmán. Durante el viaje también hay que concretar las visitas opcionales que cada uno desea realizar. El paquete consta de: paseo en dromedario, excursión por el desierto en 4×4 y cena típica bereber, por 56 €. Lo de la cena no tiene muy buena pinta, pero puestos a ir de viaje organizado pues nos apuntamos a todo.

Llegamos al hotel Dar Charid ya de noche, después de haber visto una bonita puesta de sol cuando pasábamos por Gapsa. El hotel es total. Lujo oriental sacado de las 1001 noches. Suntuosos salones y patios y una coqueta habitación prometen ser muy buena guarida para estos dos días. Además el buffet libre para cenar no esta nada mal, el mejor hasta ahora.

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Tozeur, Chebika y Nefta.

Nos levantamos a las 7 para desayunar muesli, yogurt, dátiles y un crepe de chocolate. Salimos en tres 4×4 dirección Chebika. Después de una hora de anticipo de desierto llegamos a lo que Dorra llama el desierto de montaña.

chebika

Chebika se encuentra al pie de una cordillera y constituye uno de los muchos oasis que hay por la zona. Tras pasar el antiguo pueblo abandonado y repleto de chiringuitos turísticos se accede a un sendero que asciende brevemente por la montaña. Después desciende hasta una fuente de agua a partir de la cual se forma un arroyo que alimenta pozas, pequeñas cascadas y numerosas palmeras. El recorrido por el oasis es fresco y agradable. Durante todo el trayecto hay vendedores de rosas del desierto y todo tipo de minerales cristalizados.

gran cascada

Tras el paseito nos dirigimos a otro pequeño oasis, llamado la Gran Cascada, a unos 15 Km. Esta vez solo está poblado por los chiringuitos para turistas y las inevitables rosas del desierto, donde compro una de unos 15 cm de diametro por 1 dinar.

chott el-gharsa

Ahora toca sacarle el partido a los 4×4. Nos adentramos en la zona de Jerid, entre Chott el Gharsa y Chott el-Jerid, los dos grandes lagos interiores. Bordeamos el lago por caminos más o menos abollados. El conductor nos hace alguna demostración de las facultades de montaña rusa del todoterreno.

chott el-gharsa

Tras una hora de traqueteo se llega a una zona de dunas al norte de Nefta, cerca de la frontera con Argelia, donde nos espera un decorado de ‘La guerra de las Galaxias’.

la guerra de las galaxias

Rodeado de grandes dunas el sitio es bastante surrealista, aunando cartón piedra y los omnipresentes vendedores de rosas del desierto y demás avalorios. De vuelta al hotel para la comida vemos rebaños de dromedarios y nómadas del desierto.

La tarde empieza con una visita a una terraza panorámica desde donde se ve el oasis natural y la piscina de Nefta, enmarcados en un barranco. Después de comprar algunas rosas del desierto nos dirigimos al pueblo, que sin duda es el mejor sitio para estas rosas más barato. Esto puede ser debido a que las rosas se forman en los lagos salados, como Chott el-Jerid, que limita con Nefta.

Un guía local nos lleva por varias callejuelas para ver la arquitectura local, a base de ladrillo amarillo macizo, que conserva frescas las casas, y madera de palmera. También nos muestra el palmeral, bastante fresco y verde, y cómo suben y bajan de las palmeras para recoger los dátiles, mantenerlas o extraer el jugo de la palma. Probamos palmito, dátiles frescos de la variedad ‘dedos de luz’, bebemos un poco de jugo de palma, muy dulce, y fumamos una pequeña pipa de hoja de palmera picada.

fumando la palma

Aquí hay que detenerse a admirar la presteza de la señora de 82 años que se pone a fumar por primera vez, dejando vencer a la curiosidad rejuvenecedora.

Tras la visita guiada tenemos una horita libre que Ixo y yo dedicamos para patear más calles de Nefta. Algunas de ellas desvencijadas y apaleadas y otras bien mantenidas y conformadas por bonitas casas del ladrillo típico de la zona. La gente, muy amable, saluda y los niños también, aunque luego se rian a tus espaldas, los muy pillines.

nefta

Tras la visita a Nefta volvemos a Tozeur para dar una vuelta por el pueblo. Repleto de tiendas de las artesanias de siempre nos alejamos hacia la zona de la estación de autobuses. Buscamos una tetera de metal dorado, como la que tenía Oier, para regalarle una y otra para nosotros. Después de una hora de búsqueda desistimos.

De vuelta al hotel, cena y visita al museo Dar Charid, contiguo al hotel. Montajes de escenas cotidianas con figuras de tamaño real y objetos de todo tipo. Lo mejor la colección de armas y las joyas, anque algunos jarrones de 2 metros de altura no están nada mal.

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Douz y Kebili.

Salimos a las 7 de la mañana hacia Douz. Atravesamos el inmenso lago salado Chott el-Jerid por una carretera acosada por la corrosión de la sal pero en buen estado. A los lados, sobre todo el lado norte, la tierra es prácticamente blanca debido a la sal que se acumula.

chott el-jerid

Hay algunas zonas cubiertas de agua, pero la mayoría está seco. A ambos lados de la carretera aparecen de vez en cuando chiringuitos para turistas y esculturas de dromedarios muy bastas.

chott el-jerid

Llegamos a Douz donde nos espera el paseo en dromedario. Consiste en una pequeña vuelta de 1 hora por las afueras de Douz. En el punto más alejado del pueblo recorremos unas pequeñas dunas del desierto. Un aperitivo de lo que puede ser el Sahara y que desgraciadamente en este viaje no cataremos.

douz

De todas formas el paseo es agradable y la experiencia de montar en dromedario es curiosa. Me parece sencillo y cómdo, muy apropiado para los grupos de turistas que, disfrazados de bereber, deambulan en este paroxismo de civilización.

douz

Tras el paseito nos vamos a dar una vuelta por Douz. Los jueves se celebra el mercado y el zoco está muy animado. Se trata de un zoco más local y menos turistificado que los que hemos visto hasta ahora. Por lo tanto muy agradable e interesante para recorrer y fijarse en los objetos que se venden, los puestos, las conversaciones, las personas y el ambiente general. Por fín encontramos las teteras doradas tan deseadas.

douz

Volvemos a Kebili, por donde ya habíamos pasado, para comer e instalarnos en el hotel Oasis Kebili, que resulta ser el más cutrecillo hasta ahora, lo cual no quiere decir que este mal.

No nos gusta nada cómo se ha planificado el día ni la falta de transparencia sobre el plan a seguir que nos proporciona Dorra. Estamos en Kebili un poco atrapados. Intentamos ir en taxi o 4×4 hasta el Jebel, unos 20 km al sur de Douz, ya que tenemos unas 3 horas libres, pero es imposible desde Kebili. Queremos bajar hasta ‘La porte du desert’ y catar un poco de desierto, pero nos quedamos con las ganas. Con un poco de anticipación podríamos habernos quedado en Douz a la mañana y haber buscado una excursión desde allí.

Así que después de una siesta damos una vuelta por Kebili. El pueblo no tiene mucho encanto pero la luz del atardecer y el bullicio de una plaza abarrotada de estudiantes, que te miran como a un perro verde, hacen del paseo una experiencia agradable.

guapa bereber

De vuelta en el hotel hay que disfrazarse, ya que esta noche toca la cena berebere, otra vez en Douz. Dorra intenta animar el viaje poniendo música de su móvil a través del micro del autobús. La llegada al restaurante-jaima es algo chocante. Nos recibe un grupo de música bereber que toca con impetu y alegría, pero nadie se atreve a bailar a pesar de las invitaciones.

cena bereber

Nos sentamos en grupos de 8 dentro de la jaima. De primero una sopa de cebada que me recuerda a la ‘chorba’ que he probado ya algún día anterior. Después una empanadilla crujiente de huevo, espinacas y patata. El vino tunecino no es de los mejores que he probado pero ayuda a quitar el frio. Durante la cena el grupo va tocando diversas canciones, animado por un guapo y bacilón bereber de tez oscura y sonrisa blanca. En medio de la cena salimos de la jaima a ver un par de espectaculos a cargo de jinetes de dromedarios y de un ágil jinete a caballo que realiza todo tipo de piruetas.

Ahora viene el plato fuerte, una enmorme fuente de cuscus de cordero con pimiento verde, zanahoria y calabaza. Muy rico y sabroso. Tras la mandarina y los dátiles de rigor un potente té. Durante esta segunda parte de la cena el grupo sigue tocando acompañado de una rolliza bailarina o de un cimbreante bailarín que sujeta varias vasijas de barro sobre la cabeza. El ambiente está muy animado y la gente se anima a bailar. También le hacen una broma a uno de los que se anima a bailar. Al final no ha estado tan mal como nos temíamos, ha sido una velada agradable con toques horteras.

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