El viaje a Costa Rica 2006

Arenal y Monteverde

14 de Agosto de 2006, 19:00 horas. Cabinas Jadih, Santa Helena / Monteverde

Han sido un par de días muy divertidos y aventureros. Vamos por partes. Ayer domingo nos levantamos y desayunamos un desayuno americano: huevos, tocineta, etc. Regular. Después nos mudamos a Gringo Pete´s y decidimos ir andando a las cataratas del Arenal, ya que las bicis y el taxi eran demasiado caros, y además nos apetecía dar un paseíto. Vaya paseíto! Solo son 6 Km, 1 hora de camino, pero bajo el sol tropical que aparecía justo cuando empezábamos una cuesta. Pero con ánimo y unos tragos de agua al final lo conseguimos . Además disfrutamos del paisaje y el camino, encontrándonos con un tico a caballo y su perro, con varias excursiones a caballo y con ticos y ticas que subían y bajaban. Una vez en el destino nos asomamos a un mirador donde en un circo cerrado y repleto de verde selva aparece un gran chorro espectacular de agua que cae desde una buena altura. La bajada del mirador hasta la cascada es un camino empinado y sinuoso, entre la selva, pero muy entretenido. Finalmente llegamos a la base donde cae el gran chorro, que rebota en el agua del fondo y produce espumarajos y un ruido potente. Cualquiera se pone debajo del chorro!

La cascada de Arenal

Después de la primera poza del chorro hay otra donde uno se puede bañar. Que gran recompensa para la caminata y la camiseta empapada en sudor. La poza/río está llena de peces y puedes chapotear y hacer alguna brazada contra la fuerte corriente. Yo me doi un golpe en el pie y me hago una pequeña herida y un moratón. Las rocas del fondo son traicioneras. Después de subir el camino bajamos hasta La Fortuna, esta vez en taxi.

Comemos estupendamente, casado y arroz con marisco, en el restaurante Jardín, al lado de la soda Pito Pito. A todo correr vamos al tour para ver el Arenal. La excursión empieza con un paseo por una zona llamada ‘El silencio’, como nos dice Fauricio, el guía, cuanto más silencio más posibilidades de ver más animalillos. El paseo es muy agradable y el guía nos cuenta detalles sobre la flora y fauna: nos enseña las dormilonas, unas pequeñas plantas que se contraen al ser tocadas, gracias a una especie de músculo que poseen en el tallo. Son buenas para tomar en infusión y conciliar el sueño. También hay unas plantas con hojas de textura de plástico que, machacadas y colocadas en emplasto sobre una mordedura de serpiente, alargan el tiempo necesario para tomar el anti-venom. Otra planta curiosa son las hojas-paraguas falsas, a las que la gente confunde y sufre el venenoso fluido que desprenden al ser cortadas y agarradas con la mano. También nos cuenta el significado de la expresión ‘Pura Vida’, muletilla usada continuamente por los ticos y que viene a ser algo como ‘guay’ o algo así. Tras entrar en un claro de la selva, el guía nos muestra varios mono. Hay dos tipos, los de cara blanca, unos pocos, y los monos araña. Unos cuantos de éstos van en procesión por las copas de los árboles saltando de rama en rama. Algunos llevan crías en la espalda, pero tienen la misma agilidad que los demás. El guía nos dice que hemos tenido suerte, ya que estos dos tipos de monos son los menos comunes de ver de las 4 especies que hay en Costa Rica. Pura vida amigo! Al final del paseo terminamos en una colina desde donde se puede ver el volcán Arenal. El guía nos cuenta las historias del volcán, su erupción de 1968, los muertos, el lago Arenal, etc. El guía habla en inglés, ya que la mayoría del grupo son americanos, y al final te cansas del esfuerzo de entender, por lo que te pierdes algo de información. Pero bueno, ya está anocheciendo y podemos ver las rocas de lava que caen ladera abajo, desde la franja de nubes que cubren continuamente la parte superior de la montaña. Después de este anochecer volcánico vamos a las termas de Baldi. Al final nos hemos decidido por éstas y no por las de Tabacón, las más famosas de la zona. Son la mitad de baratas y parece que Tabacón debe estar bastante lleno de gente. Pero nos quedamos con la mosca de saber como serían. De todas formas las de Baldi son estupendas. Un montón de piscinas con aguas que van desde los 67 ºC hasta las de agua fría donde cambiar y someter al cuerpo a estos contrastes. Incluso algunas piscinas calientes tienen dentro una fría, donde haces una guerra de agua, uno dentro de la fría y otro en la caliente. Dos horas y pico nos dejan muy relajados y después de cenar en el jardín a dormir.

Hoy no hemos dormido muy bien, nos levantamos muy pronto y desayunamos en Gringo Pete´s, donde hay un tucán en una jaula. Las amables chicas del Gringo Pete´s nos reservan el Canopy para Monteverde.

El gringo Petes

El viaje a Monteverde es VAN-BOAT-VAN. Las típicas furgonetas de TURISMO, donde caben hasta 12 personas gracias a un ingenioso sistema de asientos plegables. Después del primer VAN, cogemos el barco que atraviesa el lago Arenal, tranquilo y rodeado de exuberante vegetación. Al desembarcar, unos niños, ayudan a algunos turistas a llevar sus maletones a cambio de una propina. De nuevo en la VAN de TURISMO por una carretera llena de baches y subidas y bajadas por los verdes valles con praderas llenas de vacas. A 20 minutos del final la furgoneta se ‘murió’, tal como dice el sonriente conductor.

Empujando a la van

Esperamos una sustituta y llegamos a la pensión Santa Helena, que no nos gusta y que cambiamos por donde estamos ahora, más limpio y barato. Comemos en el bar ‘Los amigos’ un sitio como de vaqueros donde parece que a las noches hay baile. Después otra VAN que nos lleva al circuito de Canopo o tirolinas. Un grupo demasiado numeroso vamos tirándonos por los cables, algunos de gran distancia. Hay unos en los que cruzas el valle, por encima de la selva que son realmente bonitos.

El último, el más largo, hay que pasarlo en pareja, ya que sopla mucho viento en este lluvioso bosque. Con mucho gusto nos lanzamos mi amada Ixone y yo a través del valle mientas la lluvia nos golpea la cara en la que no cabe la sonrisa.

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Monteverde II

15 de Agosto de 2007, Martes, 21:00. Cabinas Jireh, Santa Elena, Monteverde.

Ayer descubrimos un sitio para cenar fantástico. En el centro de Santa Elena, enfrente de la parada de Bus, este sitio comparte espacio con un sitio de Internet y una tienda. Las paredes están repletas, hasta la máquina de Coca Cola, de folios con dibujos y frases de gente que ha visitado el sitio. Hay mensajes de todo tipo remarcando la procedencia y lo maravilloso de Costa Rica en general y Monteverde en particular. Ixone cena una rica pasta a la Boloñesa y yo un pedazo de pez, tilapia a la plancha. Volveremos a desayunar y a cenar una riquísima sopa de marisco con cangrejo incluido.

Hoy hemos dudado entre ir a la reserva de Monteverde, la más famosa y visitada, o la de Santa Elena, más tranquila y pequeña. Después de oír los consejos de Ronny, el jefe de Cabinas Jireh, parece que nos decidimos por Santa Elena, más barata. Vamos a preguntar los horarios de autobuses a ver cómo podemos ir. Al final no nos vienen bien las horas ya que tendríamos que esperar mucho. Retomamos otra posibilidad, que se convierte en definitiva: el ‘wild tour’ con Freddy Mejias, que concertamos a las 13:30. Como tenemos tiempo, cogemos el bus que sube a la reserva de Monteverde. El trayecto resulta divertido en un autobús descacharrado que sube empinadas cuestas adentrándose en la selva y con unas estupendas vistas sobre la península y el golfo de Nicoya. En la entrada de la reserva hay una tienda con fotos y souvenirs, donde además hay colgados unos comederos para colibríes. Nos hartamos de ver diferentes tipos y de fotografiarlos y después nos bajamos de nuevo en el bus.

Colibries

A las 1:40 nos recoge un trasto de JEEP TOYOTA azul manejado por el sonriente y reservado Freddy. Finalmente nos decidimos por esta opción ya que por lo visto en Monteverde casi no se suelen ver animales, debido a la cantidad de gente que lo visita y es muy difícil, incluso con guía, ver alguno. Además son 28 $ entrada + guía, mientas que Freddy nos hace una guía solo a Ixone y a mí por 20 $ cada uno. Nos alegramos de esta decisión ya que finalmente pasamos una tarde muy agradable, entretenida y divertida. Freddy nos lleva por varios caminos, algunos se internan en la selva y otros son más por praderas, desde donde se ven mejor los pájaros. Primero vemos un quetzal, luego varios pájaros de distintas especies y colorido variado , como los ‘mieleros’, las ‘urracas noseké’ y demás (no recuerdo los nombres) pero creo que vemos unas 15 especies diferentes. También nos explica cosas sobre plantas, los ‘ficus estranguladores’, hongos venenosos, árboles cuyo tronco está lleno de espinas (con arañas patudas incluidas), lianas, frutos con espinas que curan el Parkinson, las palmeras que crecen en los troncos de los árboles, etc. Lo más curioso de la flora es cuando nos metemos dentro de un ‘ficus estrangulador’. El árbol original estrangulado ha muerto finalmente, y después se ha podrido. Esto hace que quede un hueco dentro del Picus, que era el espacio ocupado por el árbol y que ahora se convierte en una cueva de 250 años.

Vegetación en Monteverde

Pero lo más excitante de la excursión es cuando descubrimos un grupo de 5 o 6 quetzales que están comiendo la fruta (aguacates pequeños) de un árbol. Incluso Freddy está sorprendido de ver tantos quetzales juntos, con los prismáticos se ven perfectamente su colorido plumaje y su característica cola larga. La guinda la pone un perezoso que está durmiendo en lo alto de un árbol. Parece una bolsa de pelos, se pasan durmiendo 20 horas al día! Para cerrar la sesión nos divertimos con una ardilla que se come las hojas de una planta al borde de un camino. Freddy nos devuelve al hotel y nos despedimos de tan entrañable personaje. Después de cenar vamos al bar ‘Los amigos’, donde jugamos dos horas al billar en un ambiente de vaqueros y con un atento encargado que nos ordena las bolas al final de cada partida.

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Liberia, Playa Cocos, Playa Hermosa y Liberia

16 de agosto de 2006, miércoles, 21:00 horas. Hotel Liberia, Liberia.

Madrugón a las 5:00 para coger el bus a Puntarenas, aunque nuestro destino es Liberia, por lo que bajaremos antes, en la Interamericana. También viene Ronny con una niña pequeña, su hija seguramente, aunque él si que va a Puntarenas. En el bus tenemos la suerte de sentarnos en la primera fila y disfrutar de la vista sobre la provincia de Guanacaste, el golfo y la península de Nicoya. También disfrutamos de la charla con el conductor, quién atesora 70 hectáreas de una ladera y un cerro cercano a Monteverde para sus hijos, nietos y los que vengan. En el cruce con la Interamericana nos bajamos a esperar el enlace a Liberia. La mala suerte, anunciada por uno de los muchos viajeros subidos al bus y compañero de charla del conductor, parece que nos juega una trampa. Un accidente en la Interamericana, que luego veré en la TV durante la comida, ha provocado un muerto y una tremenda ‘presa’ (atasco) que bloquea la carretera más importante del país. Esto hace que perdamos y esperemos 2 horas en una parada de bus en medio de la nada. Aunque esta pequeña trampa también tiene su lado positivo. La circunstancia hace que entablemos relación con Alex y Mar, una pareja catalana que se encuentra en la parada y en la misma situación que nosotros. Después de un rato de charla amable y distendida comprobamos que muchos de los viajeros mochileros en Costa Rica tienen planes y recorridos muy similares.

Camino de Liberia

Sin duda alguna a esto contribuye que todos tenemos la misma guía de Lonely Planet. Muchos rostros se van repitiendo en escenarios y situaciones diferentes, y probablemente se van a repetir más durante todo el viaje. En cierta forma esto ayuda a crear cierta fraternidad y compañerismo de viejos conocidos (aunque solo llevamos 5 días de viaje). Después de la charla con Alex y Mar, y un rápido intento de partida de cartas, se destaca la presa y llega el bus que nos lleva a Liberia. Allí vamos los 4, donde en un taxi compartido, nos acercan a Mapache para alquilar un carro. La elección es un SUZUKI JIMMY, un 4×4 pequeñito pero matón. 240 $ por una semana + 126 $ por un seguro más amplio que nos deje cierta tranquilidad. La misma elección que la pareja catalana y seguramente recorridos similares. Nos despedimos con la casi certera sospecha de un futuro reencuentro. En nuestro flamante Jimmy volamos libremente en busca de las playas del Pacífico. La primera que pisamos nos deja un poco fríos. La playa es muy bonita, pero el pueblo, Playa Cocos, es una auténtica cochambre descuidad y sucia. Después de varias vueltas optamos por marcharnos y buscar alojamiento más tarde en Liberia. Mientras, nos dedicaremos a ver las playas de la zona: Ocotal, más cuidada, es más acogedora. Pero es finalmente en Playa Hermosa donde nos daremos nuestro primer baño, en un Pacífico que hace honor a su nombre. Hacemos un poco el macarra, arriesgándonos a una multa al meter el coche en la playa. No nos fiamos de dejar las mochilas a la vista dentro del coche. Después visitamos Playa Panamá donde se divisa la Bahía Culebra y un grupo de ticas hace picnic en un palmeral de la playa, un sitio bellísimo para ese menester, no me extraña que se rían tanto y se las vea de tan buen humor.

Ticos y ticas de picnic

Pero entre Ocotal y Hermosa nos paramos en la marisquería Milanés y nos hacemos un regalo en forma de comilona. Una sabrosa mariscada no tiene embobados como monos durante la hora y media que nos dedicamos a chuperretear el marisco y los dedos. Al anochecer, y tras un lluvioso viaje, llegamos a Liberia. Encontramos fácilmente el hotel Liberia, compramos fruta, tomamos un par de batidos y a la habitación a escribir, leer, dormir y soñar ya veremos con qué.

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