5-4-2007, jueves.
Nos levantamos a las 7, pero esta vez ya hay otros 4 surfers en el agua. El baño no es tan bueno como el del martes, hace más viento, a pesar de que hay más tamaño de olas. Una foto de Imsouane con buenas condiciones. Desayunamos en el hotel que hay al lado de Chez Hassam. Pruebo el aceite de Arganne al que no le encuentro tan especial como parece que es. Oier y Aitziber van a buscar el grand taxi que supuestamente nos llevará a Aouir sobre las 12:00 por 400 Dirhams. Al final es a las 12:30 y por 500, así es Marruecos, sobre todo si hay huelga de autobuses.
Atravesamos Tamri y empezamos, al doblar el cabo Rhir, a ver los points más famosos de la zona: Boylers, Killer, Anchor, etc. Tras pasar Taghazout y Tamrhakht llegamos a Aouir, un pueblo muy poco turístico que solo tiene 2 hoteles. Nos quedamos con un miniapartamento para los 4 por 300 MAD. Rápidamente vamos a la cercana playa, atravesando una zona de cultivos medio abandonada que separa el hotel de la playa.
La cosa sigue igual: poco mar y mucho viento. Así que solo se baña Cercata mientras los demás paseamos zarandeados por el viento. Esta noche cenamos en Taghazout, pueblo bastante animado y lleno de garitos y tiendas de surf.
En un restaurante local de la calle principal cenamos harira, lentejas, microalubias y una tortilla marroquí en una golpeada y abollada sartencilla. Para chuparse los dedos!
A la vuelta en el apartamento zapeamos un rato por los 1067 canales de TV que tienen.
6-4-2007, viernes.
Madrugamos un poquito para bañarnos en la playa de Aouir. Esta vez viene Aitziber para probar a coger olas con el corcho. Nos damos un bañito corto ya que no hay nada de olas, lo justo para pillar espumillas. Los 3 chicos nos vamos a Anza, un supuesto secret. El spot está enfrente del barrio del mismo nombre. Al fondo hay una enorme fábrica de cemento, más abajo casas de obreros y por último, pegado a la playa, un barrio de chabolas. Todas las chabolas tienen su antena parabólica y están bastante cuidadas y limpias. Aun así hay tuberías que desprenden olores fecales y basuras extendidas por las calles que son devoradas por los rebaños de cabras y ovejas que pululan entre las playas, rocas y chabolas.
Como parece que hay unos días de fiesta en Marruecos, la zona está llena de chavales y niños jugando al futbol o deambulando entre las rocas. Después de recorrer la línea de costa en busca de algún pico nos damos la vuelta, no hay condiciones para darse el baño. Cercata se queda a descansar y los demás nos vamos a comer un rico pescadito frito a Taghazout, al lado de la casa que alquilaron hace 3 meses Cercata y Oier.
Luego damos un paseito. Hasta Anchor Point. La calidad de este spot parece provocada por una plancha de roca que se introduce oblicuamente en el mar. Esta lisa plancha sirve además para que las familias hagan picnic, la gente pesque o nosotros nos tumbemos al sol sobre la caliente, áspera y plana piedra. Cogemos un atiborrado bus que nos lleva a Agadir. No tiene mucho encanto esta ciudad. Vemos el mercado central, el edificio de Correos y paseamos por las avenidas y parques. Localizamos la estación de buses y compramos los billetes para el sábado ir a Marrakech. Un petit taxi nos lleva hasta el paseo marítimo, muy turistificado, incluso con McDonalds y PizzaHuts.
Después de un ventoso paseo cogemos un bus de vuelta a Aouir. Allí cenamos en el Hotel Litoral y nos vamos prontito a la cama para intentar aprovechar el último baño, el sábado a la mañana.
7-4-2007, sábado.
Hoy se han dado las mejores condiciones del viaje para coger olas, lo cual no quiere decir que fuesen estupendas. Sin embargo me he levantado tarde y cuando he subido a la terraza, sobre las 8:00, para ver las olas me ha parecido que estaba como los demás días anteriores. Así que con esa chusta de olas he decidido desayunar tranquilamente y escribir un poco el diario.
A las 10 vuelve Cercata flipando con las olas que ha pillado en Anza. Voy hasta la playa a ver cómo está la cosa. Parecido a los días anteriores pero con una serie de mayor tamaño que viene de vez en cuando. Como todo el mundo por esta zona parece estar ansioso, los picos cercanos están petados, así que prefiero dar un paseito desde el pico 12 hasta Banana Village y ver desde el acantilado los cursos de surf. Es hora de marcharse, cogemos el bus y después en Agadir y petit taxi hasta la estación de bus.
Allí comemos unos bocatas de kefta (albondiguillas de carne picada).
El bus sale a las 14:00 y tardará unas 5 horas en llegar a Marrakech. El viaje es agradable a pesar de las estrecheces y de los vómitos de los pasajeros contiguos. Atravesamos por un lateral el Alto Atlas, dejando a la derecha sus nevados picos. La carretera está atestada de camiones lentísimos y el autobus adelanta continuamente a las caravanas que se forman adornadas con ritmos de bocinas. El paisaje es duro, el sol pega fuerte, el aire es frio y la tierra, se un fuerte marrón rojizo, se resquebraja en barrancos, laderas y montañas. Ocasionalmente, más a menudo según nos acercamos a la planicie de Marrakech, aparecen extensos verdes primaverales.
A mitad de camino paramos en una zona de servicio con cafeterías, tienduchas, incluyendo un coche tienda, carnicerías y un lugar donde te hacen a la brasa la carne de la carnicería. Como no sabemos cuánto tiempo para el bus nos quedamos con las ganas, sobre todo Oier, que visto unos pollos con muy buena pinta.
Llegamos a Marrakech a la puesta de sol. Vamos al CTM, donde habíamos dejado pagadas un par de habitaciones. Tal y como imaginábamos las han completado todas, sin respetar nuestra reserva. Como ya estamos acostumbrados a estas situaciones optamos por tomar una postura de ‘aquí no me muevo hasta que busquemos una solución’ acompañada de buen humor y bromas. No es cuestión de ponerse dramático en el país del descojono.
Nos consiguen una habitación en casa de una familia por 300 MAD. Tras un paseito por las callejuelas acompañados por la señora de la casa y Anas, su hijo, llegamos al Riad compartido donde viven. La acogida es muy agradable y nos instalamos los 4 en la habitación de algún miembro de la familia, que se ha olvidado el ordenador encendido. Nos vamos a cenar a la plaza. En un puesto comemos un plato de cordero que incluye casqueria, en mi caso partes de teta. Buscábamos tangín, especialidad de cordero, pero se les ha acabado. Más tarde cenamos en otro puesto una comida muy poco rica y bastante cara. Vemos los corrillos que se forman y después de un té en una terraza a dormir.