El viaje a Tunez 2008

Tozeur, Chebika y Nefta.

Nos levantamos a las 7 para desayunar muesli, yogurt, dátiles y un crepe de chocolate. Salimos en tres 4×4 dirección Chebika. Después de una hora de anticipo de desierto llegamos a lo que Dorra llama el desierto de montaña.

chebika

Chebika se encuentra al pie de una cordillera y constituye uno de los muchos oasis que hay por la zona. Tras pasar el antiguo pueblo abandonado y repleto de chiringuitos turísticos se accede a un sendero que asciende brevemente por la montaña. Después desciende hasta una fuente de agua a partir de la cual se forma un arroyo que alimenta pozas, pequeñas cascadas y numerosas palmeras. El recorrido por el oasis es fresco y agradable. Durante todo el trayecto hay vendedores de rosas del desierto y todo tipo de minerales cristalizados.

gran cascada

Tras el paseito nos dirigimos a otro pequeño oasis, llamado la Gran Cascada, a unos 15 Km. Esta vez solo está poblado por los chiringuitos para turistas y las inevitables rosas del desierto, donde compro una de unos 15 cm de diametro por 1 dinar.

chott el-gharsa

Ahora toca sacarle el partido a los 4×4. Nos adentramos en la zona de Jerid, entre Chott el Gharsa y Chott el-Jerid, los dos grandes lagos interiores. Bordeamos el lago por caminos más o menos abollados. El conductor nos hace alguna demostración de las facultades de montaña rusa del todoterreno.

chott el-gharsa

Tras una hora de traqueteo se llega a una zona de dunas al norte de Nefta, cerca de la frontera con Argelia, donde nos espera un decorado de ‘La guerra de las Galaxias’.

la guerra de las galaxias

Rodeado de grandes dunas el sitio es bastante surrealista, aunando cartón piedra y los omnipresentes vendedores de rosas del desierto y demás avalorios. De vuelta al hotel para la comida vemos rebaños de dromedarios y nómadas del desierto.

La tarde empieza con una visita a una terraza panorámica desde donde se ve el oasis natural y la piscina de Nefta, enmarcados en un barranco. Después de comprar algunas rosas del desierto nos dirigimos al pueblo, que sin duda es el mejor sitio para estas rosas más barato. Esto puede ser debido a que las rosas se forman en los lagos salados, como Chott el-Jerid, que limita con Nefta.

Un guía local nos lleva por varias callejuelas para ver la arquitectura local, a base de ladrillo amarillo macizo, que conserva frescas las casas, y madera de palmera. También nos muestra el palmeral, bastante fresco y verde, y cómo suben y bajan de las palmeras para recoger los dátiles, mantenerlas o extraer el jugo de la palma. Probamos palmito, dátiles frescos de la variedad ‘dedos de luz’, bebemos un poco de jugo de palma, muy dulce, y fumamos una pequeña pipa de hoja de palmera picada.

fumando la palma

Aquí hay que detenerse a admirar la presteza de la señora de 82 años que se pone a fumar por primera vez, dejando vencer a la curiosidad rejuvenecedora.

Tras la visita guiada tenemos una horita libre que Ixo y yo dedicamos para patear más calles de Nefta. Algunas de ellas desvencijadas y apaleadas y otras bien mantenidas y conformadas por bonitas casas del ladrillo típico de la zona. La gente, muy amable, saluda y los niños también, aunque luego se rian a tus espaldas, los muy pillines.

nefta

Tras la visita a Nefta volvemos a Tozeur para dar una vuelta por el pueblo. Repleto de tiendas de las artesanias de siempre nos alejamos hacia la zona de la estación de autobuses. Buscamos una tetera de metal dorado, como la que tenía Oier, para regalarle una y otra para nosotros. Después de una hora de búsqueda desistimos.

De vuelta al hotel, cena y visita al museo Dar Charid, contiguo al hotel. Montajes de escenas cotidianas con figuras de tamaño real y objetos de todo tipo. Lo mejor la colección de armas y las joyas, anque algunos jarrones de 2 metros de altura no están nada mal.

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Douz y Kebili.

Salimos a las 7 de la mañana hacia Douz. Atravesamos el inmenso lago salado Chott el-Jerid por una carretera acosada por la corrosión de la sal pero en buen estado. A los lados, sobre todo el lado norte, la tierra es prácticamente blanca debido a la sal que se acumula.

chott el-jerid

Hay algunas zonas cubiertas de agua, pero la mayoría está seco. A ambos lados de la carretera aparecen de vez en cuando chiringuitos para turistas y esculturas de dromedarios muy bastas.

chott el-jerid

Llegamos a Douz donde nos espera el paseo en dromedario. Consiste en una pequeña vuelta de 1 hora por las afueras de Douz. En el punto más alejado del pueblo recorremos unas pequeñas dunas del desierto. Un aperitivo de lo que puede ser el Sahara y que desgraciadamente en este viaje no cataremos.

douz

De todas formas el paseo es agradable y la experiencia de montar en dromedario es curiosa. Me parece sencillo y cómdo, muy apropiado para los grupos de turistas que, disfrazados de bereber, deambulan en este paroxismo de civilización.

douz

Tras el paseito nos vamos a dar una vuelta por Douz. Los jueves se celebra el mercado y el zoco está muy animado. Se trata de un zoco más local y menos turistificado que los que hemos visto hasta ahora. Por lo tanto muy agradable e interesante para recorrer y fijarse en los objetos que se venden, los puestos, las conversaciones, las personas y el ambiente general. Por fín encontramos las teteras doradas tan deseadas.

douz

Volvemos a Kebili, por donde ya habíamos pasado, para comer e instalarnos en el hotel Oasis Kebili, que resulta ser el más cutrecillo hasta ahora, lo cual no quiere decir que este mal.

No nos gusta nada cómo se ha planificado el día ni la falta de transparencia sobre el plan a seguir que nos proporciona Dorra. Estamos en Kebili un poco atrapados. Intentamos ir en taxi o 4×4 hasta el Jebel, unos 20 km al sur de Douz, ya que tenemos unas 3 horas libres, pero es imposible desde Kebili. Queremos bajar hasta ‘La porte du desert’ y catar un poco de desierto, pero nos quedamos con las ganas. Con un poco de anticipación podríamos habernos quedado en Douz a la mañana y haber buscado una excursión desde allí.

Así que después de una siesta damos una vuelta por Kebili. El pueblo no tiene mucho encanto pero la luz del atardecer y el bullicio de una plaza abarrotada de estudiantes, que te miran como a un perro verde, hacen del paseo una experiencia agradable.

guapa bereber

De vuelta en el hotel hay que disfrazarse, ya que esta noche toca la cena berebere, otra vez en Douz. Dorra intenta animar el viaje poniendo música de su móvil a través del micro del autobús. La llegada al restaurante-jaima es algo chocante. Nos recibe un grupo de música bereber que toca con impetu y alegría, pero nadie se atreve a bailar a pesar de las invitaciones.

cena bereber

Nos sentamos en grupos de 8 dentro de la jaima. De primero una sopa de cebada que me recuerda a la ‘chorba’ que he probado ya algún día anterior. Después una empanadilla crujiente de huevo, espinacas y patata. El vino tunecino no es de los mejores que he probado pero ayuda a quitar el frio. Durante la cena el grupo va tocando diversas canciones, animado por un guapo y bacilón bereber de tez oscura y sonrisa blanca. En medio de la cena salimos de la jaima a ver un par de espectaculos a cargo de jinetes de dromedarios y de un ágil jinete a caballo que realiza todo tipo de piruetas.

Ahora viene el plato fuerte, una enmorme fuente de cuscus de cordero con pimiento verde, zanahoria y calabaza. Muy rico y sabroso. Tras la mandarina y los dátiles de rigor un potente té. Durante esta segunda parte de la cena el grupo sigue tocando acompañado de una rolliza bailarina o de un cimbreante bailarín que sujeta varias vasijas de barro sobre la cabeza. El ambiente está muy animado y la gente se anima a bailar. También le hacen una broma a uno de los que se anima a bailar. Al final no ha estado tan mal como nos temíamos, ha sido una velada agradable con toques horteras.

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Matmata, Djerba y Sfax.

Madrugón a las 5 de la mañana para salir a las 6. La razón es no pillar demasiada cola en el ferry a Djerba. Tras un par de paradas para ver el amanecer llegamos a Matmata sobre las 8 de la mañana. Visitamos una casa troglodita excavada en la tierra. Alrededor de un patio central varias habitaciones con lo básico para la vida.

matmata

Nos ofrecen un pan recién horneado en el horno del patio y lo untamos con aceite y miel: delicioso. La atrayente sencillez de la casa está nublada, a pesar de todo, por la cruda realidad de sus habitantes pobres y sin recursos. Durante todo el trayecto entre Malmata y Nuevo Malmata veremos numerosas casas trogloditas desperdigadas a ambos lados de la carretera.

ferry

Llegamos a El-Jorf para cruzar en ferry hasta Ajmar, en Djerba, separados por 1 Km aproximadamente. Hay suerte y no hay que esperar cola para coger el ferry. Djerba es una isla muy plana y repleta de olivos. Nuestra primera parada es Guellalah en una tienda de ceramicas con demostración de alfarero incluida. En este dichoso viaje organizado abundan las visitas a tiendas. Calculamos las comisiones que se llevará Dorra.

sinagoga

La siguiente parada es la sinagoga judía de La Ghriba, donde hubo un atentado en 2002 con casi 20 muertos. Dorra insiste en decir que no hay conflicto entre la comunidad judía y musulmana en Djerba. Sin embargo es el punto visitado que mayores medidas de seguridad tiene. Y el único sitio al que Dorra no nos acompañará en todo el viaje

djerba

Ahora le toca el turno a la capital de Djerba, Houmt Souk. El autobus nos deja en medio del coñazo de zoco de artesanias donde eres asaltado cada 2 metros. Nos fugamos para ver la lonja de pescado, donde unos señores sentados subastan ristras de peces ante sus clientes. También nos comemos un bollo de una pasteleria. Y para terminar nos compramos unos vasitos de té en un supermercado.

houmt souk

De nuevo en el autobús recorremos parte de la costa turística hasta llegar al restaurante donde comeremos el inevitable buffet libre. Aunque esta vez hay unos ricos salmonetes.
Otra vez en el autobús recorremos las zonas industriales y contaminadas de Gabes. Más al norte comienzan las infinitas plantaciones de olivos que anuncian la cercanía de Sfax. Unos Kms antes de llegar hacemos una parada para ver de cerca a unos agricultores que están recolectando aceitunas. Son de un tamaño muy pequeño, al parecer para obtener aceite mediante prensado. Utilizan unos protectores rígidos para las manos, con las que raspan las ramas haciendo caer los frutos al suelo, que son recogidos en unas mantas.

Llegamos ya de noche al hotel Syphax, en Sfax. Está un poco desfasado y mal cuidado, pero al fin y al cabo es para dormir unas horas. Después de cenar ya es tarde y estamos cansados, así que me quedo con las ganas de ir a echar un vistazo a las murallas de la medina de Sfax.

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